Mayday

Regresé a Seattle hace tres meses y ya me parece que nunca me fui. De nuevo estoy en la casa de mi abuela Charlotte, donde viví varios años. Ahora la casa es mía. En las últimas semanas me he ocupado de las cosas de mi abuela, de los objetos que la acompañaron durante toda la vida. No es fácil decidir qué se hace con las cosas de los muertos.
Encontré una caja con fotografías y objetos personales de mi abuelo. Yo nunca lo conocí, murió en la guerra de Vietnam. En la caja había un papel escrito a mano. Es una historia. Mi abuelo la tituló “Mayday”, como la llamada de socorro de las fuerzas aéreas.
Espero que mi traducción sea tan buena como el original.


En un cruce de malas calles un soldado negro borracho gritó “mayday”. Un automóvil se detuvo junto a él y un jovencito blanco que reía se apeó y le golpeó en la cara. Histérica, una puta aplaudía mientras la sangre brotaba del labio abierto. El soldado negro comenzó a llorar sin lágrimas. Con el rostro cubierto por sus manos avanzó con pasos ciegos hacia la pared más cercana y se pegó a ella, de espaldas al mundo. Durante unos minutos lloró en silencio por sus hermanos muertos y se maldijo por conservar aún la vida.

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